Llegué a la UPR-Mayagüez en el 1997. Llevo más de 10 años trabajando como docente en el Departamento de Matemáticas. Durante este tiempo he ofrecido cursos subgraduados y graduados, a estudiantes de todos tipos. He servido como director asociado del departamento en dos ocasiones. He participado en muchas iniciativas para tratar de mejorar el rendimiento de nuestros estudiantes en los cursos de matemáticas.
A continuación siguen algunas observaciones que son producto de esta experiencia:
- La gran mayoría de los estudiantes del Recinto Universitario de Mayagüez son inteligentes y en teoría deberían de poder aprobar un curso como Precálculo sin problema; tienen la capacidad cruda, innata. Sin embargo, año tras año, más de la mitad fracasan una y otra vez en sus cursos de matemáticas.
- La gran mayoría de los estudiantes de nuestro Recinto no tienen hábitos sanos de estudio, ni disciplina; muchos ni siquiera tienen alguna experiencia de lo que es estudiar para alcanzar un grado profundo de entendimiento. Muchos de ellos vienen a la universidad con enormes lagunas de conocimiento en matemáticas. Esto es el resultado de una vida académica pre-universitaria muy pobre, donde se les exige poco o nada.
- Muchos de estos estudiantes podrían superar sus lagunas y reemplazar sus malos hábitos en un ambiente de trabajo, competitividad y excelencia. Sin embargo, superar malos hábitos a los 18 años de edad requiere de una intervención severa y de un compromiso muy serio por parte del estudiante.
- No existe en la Universidad de Puerto Rico una política coherente e inteligente para promover un ambiente de superación, compromiso y trabajo entre los estudiantes. Todo lo contrario: las actuales reglas y políticas estimulan la mediocridad y la prolongación artificial e innecesaria del tiempo que se toman los estudiantes para graduarse. Esto parece ser el producto de una cultura administrativa que cede a las presiones estudiantiles para salir del paso, o para ganar popularidad, sin pensar en las consecuencias. Ejemplo flagrante: los estudiantes en la UPR pueden dar de baja cursos, hasta casi el final del semestre, tantas veces como ellos quieran. Esto promueve un ambiente de falta de compromiso con los cursos; inclusive promueve que los estudiantes jueguen con los cursos que tanto cuestan al erario público.
- Además del costo inmenso a los contribuyentes, quienes pagamos por la educación en la universidad pública, está el costo para el estudiante, que en la irresponsabilidad de su juventud y posibilitado por el mismo sistema, desperdicia sus mejores años perdiendo el tiempo.
Lo más increíble de todo esto, es que cambiar una sola regla podría tener un efecto muy positivo y significativo en esta situación: imponer un tope máximo al número de veces que un estudiante puede darse de baja. Un ejemplo reciente: en el 2007, el estado de Texas pasó legislación que indica que un estudiante del sistema de educación superior pública estatal solo puede darse de baja 6 veces en su vida universitaria subgraduada. Esto incluye transferencias de una institución estatal a otra; las bajas se transfieren con el estudiante.
Si queremos poder presionar a nuestros estudiantes para que se esfuercen, para que trabajen y den lo mejor de sí, y además queremos controlar el gasto público que representa tener muchos estudiantes que repiten cursos 5 y 6 veces en el sistema de educación pública superior, entonces tenemos que adoptar en Puerto Rico una ley similar a la de Texas.